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CENTRES SOCIALS I REVOLUCIÓ DEMOCRÀTICA:

Descripció: 

Un text escrit a vàries mans sobre el paper dels centres socials en la revolució democràtica i enmig d'un cicle electoral

font: 

Aquest article és un collage d'idees de persones de l'Ateneu Candela i de diversos textos de persones vinculades a altres centres socials amb els quals estem interconnectades

Autor Real: 
Aterneu Candela

No podemos, ni debemos ser lo que no somos. Como dijo una vez el subcomandante Marcos: "Las prácticas deben  pensarse a sí mismas para que no las  piensen los teóricos".

 
En las ciudades hay espacios que mueve la misma gente, con autonomía, y que escapan tanto de las lógicas institucionales como de las de mercado. Espacios que son lugar de encuentro y de vida de personas, y de proyectos colectivos. Un huerto urbano comunitario, una librería cooperativa, un local de jóvenes en un barrio, un laboratorio P2P, un centro social lleno de vida, etc.
 
El Ateneu Candela es uno de ellos. Un centro social que nació hace 14 años en la ciudad de Terrassa (Barcelona). Su local es una bonita nave alquilada, en la calle Montserrat número 136, una antigua fábrica textil construida por el arquitecto Lluís Muncunill en 1893 y rehabilitada colectivamente. El Ateneu Candela acoge una cafetería, una librería, una cooperativa de consumo, salas de reuniones, un escenario para espectáculos y un montón de gente participando en multitud de iniciativas.
 
También concentra una programación cultural viva: teatro, poesía, cine, música, presentaciones de libros, etc. Durante 2014, por ejemplo, se han hecho 186 actividades públicas en el centro social, es decir, unas 21 al mes. Actividades como la cultura urbana viva que se puede encontrar cada día en la cafetería El Café del Candela y en la Librería Synusia; el cinebar cada miércoles en Videodrome; la poesía de Deus ex Machina; El Embarral, proyecto de teatro; sesiones trimestrales de Karaoke "Tú Sí Me Pones"; Roñas Festival; etc. y un montón más de proyectos musicales, teatrales y de arte que se acercan al centro social para compartir sus espectáculos.
 
El motor de un espacio como el Ateneu Candela es su gente en movimiento y es esta gente la que lo sostiene. Hay tantas formas de participar como personas que habitan el centro social. Esta es la comunidad cercana. Los centros sociales estamos, además, interconectados en una red más amplia: La Casa Invisible en Málaga, La Pantera Rossa en Zaragoza, Katakrak en Pamplona, ​​El Patio Maravillas, la Villana y Traficantes de Sueños en Madrid, y muchos otros.
 
Todos estos centros sociales son espacios abiertos en la ciudad. No somos un espacios para un colectivo de personas semejantes, sino para mucha gente que en su diversidad se reconoce como igual ante la precarización de su vida, y que coopera. Somos un lugar para el buen vivir, donde las personas defienden, con alegría, sus derechos, y contribuyen a la transformación de la ciudad y de sus vidas. La ciudad del 99% frente a la ciudad del 1%.
 
Los centros sociales son espacios que, en definitiva, son bienes comunes con valiosas prácticas vinculadas a estos bienes compartidos. Laboratorios inclusivos con un funcionamiento abierto, que permiten experimentar todo tipo de fórmulas políticas, sociales y culturales. Y claro, también son laboratorios de ciudadanía y de nueva democracia.
 
Los centros sociales en general han sido, y son todavía, espacios de encuentro de decenas de proyectos e iniciativas políticas, culturales y sociales, que han generado multitud de redes de personas y grupos, fomentando las formas de cooperación entre iguales. Hace muchos años que exigimos nuestro "derecho a habitar una ciudad que no esté supeditada a los intereses de pocos" y que ponemos en práctica y experimentamos otras formas de vivir nuestras vidas.
 
Después del 15M la participación en el centro social aumentó y la lista de personas y grupos que usan el Ateneu Candela como espacio de encuentro no ha dejado de crecer: talleres de todo tipo, clases de catalán y castellano, grupos ciudadanos como La cooperativa de consumo responsable, Terrassa Guifi.net, el huerto Plantemos-nos, la cooperativa SomEnergia, el grupo de Economía del bien común, el OCM, el “Procés Constituent”, la “Taula de l'Aigua”, o comisiones de trabajo de nuevas candidaturas ciudadanas como la Red Ciudadana Partido X, Guanyem Terrassa, Podemos Terrassa o Terrassa en Comú.
                                   
Actualmente está cogiendo fuerza la posibilidad de entrar en las instituciones con varias marcas. También en el ámbito local, con una nueva oleada de candidaturas municipalistas. En muchas de estas plataformas participan personas vinculadas a los centros sociales. Y a la inversa, personas de estas plataformas han comenzado a participar en centros sociales.
 
¿Sorpresa? No. Aunque a algunos les salten—precisamente ahora—las alarmas, estamos viviendo una revolución democrática. No solo aquí, sino en todo el sur de Europa, en el Mediterráneo, y esta revolución llega hasta Hong Kong. Aquí empezó con el movimiento 15M. Como en centros sociales de otros lugares, la gente del entorno del Ateneu Candela hizo multitud y fuerza en las plazas. Y como hemos dicho antes, mucha gente de las plazas comenzó a participar después en los centros sociales u otros espacios ciudadanos, entre ellos el Ateneu. La misma revolución democrática que comenzó con el 15M, ahora también se concreta en nuevas candidaturas ciudadanas: el 99% haciendo política y luchando sus vidas de forma múltiple y conectada.
                                 
¿Como nos situamos en medio de todo esto? Nos situamos al igual que con el 15M: cerca pero de forma diversa. Cerca porque queremos democracia real ya. Y de tantas formas diferentes como personas participan en cada uno de los espacios. A diferencia de las organizaciones políticas clásicas, los centros sociales no requieren afiliación, y la pertenencia se construye a partir de la participación. No se es de una determinada organización, sino que se participa de múltiples iniciativas.
 
¿Qué esperamos de todo esto? ¿Ya no serán necesarios los espacios de autonomía si las candidaturas con ADN 15M llenan las instituciones? ¿Qué podemos aportar?
 
De la revolución democrática esperamos recuperar la ciudad de las manos del 1% para devolverla a la gente; ganar el derecho a la ciudad, y conseguir una democracia real. Porque no somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Sabemos que no es poco, pero hace tiempo que apostamos por conseguirlo. Sin embargo, no somos ingenuas. Como dicen Déborah Ávila y Marta Malo "el asalto institucional no es la única vía", porque además de los "techos" de la movilización, aparecerán nuevos "techos" si se llega a las instituciones. "No hay duda de que desde las instituciones se podría mejorar la vida de la mayoría, pero también sabemos que no todo lo que modela las sociedades, formas de vida y conductas, hoy en día, emana de las instituciones". La democracia real cogería protagonismo y se aceleraría si la gente irrumpe masivamente en las instituciones secuestradas por los intereses de pocos y las devuelve al servicio del 99%. Pero cuando esto ocurra "hará falta una sociedad movilizada que siga creando otras formas de vida sostenibles, tangibles".
 
Los centros sociales han sido, durante la última década, espacios de experimentación de nuevos modelos de ciudad, basados en los derechos sociales, en formas diferentes de democracia a nivel local, y en nuevas formas de entender la cultura y su acceso, o en laboratorios del software libre y de la fabricación digital. Laboratorios para la innovación en la producción basada en los bienes comunes, que se han concretado en "dispositivos experimentales de creación / producción, desprecarización y de empoderamiento".
 
Desde la Casa Invisible de Málaga piensan que la principal aportación que pueden hacer los centros sociales en este momento es poner encima de la mesa su experiencia después de años de "cuestionar la institución tradicional desde la perspectiva de lo común". Uno de los grandes retos que tienen las diferentes apuestas municipalistas es el de construir una nueva institucionalidad al servicio del 99%: la experiencia de los centros sociales se perfila de mucho valor para conseguirlo.
 
Pensamos como nuestras amigas de Málaga. Como dice Felipe G. Gil: las instituciones públicas "inhóspitas" tienen mucho que aprender del "funcionamiento abierto e inclusivo que se da en comunidades no invadidas por la burocracia propia de las instituciones públicas". Los centros sociales, y sus prácticas vinculadas a la gestión de los bienes comunes, han generado herramientas que revolucionarían las instituciones y los espacios públicos, tales como "los protocolos y metodologías que favorecen la inclusión, la hospitalidad, la apertura y la conexión”.
 
Los centros sociales son espacios que permanentemente se interrogan a ellos mismos, que andan preguntando y que no tienen problemas en cambiar el espacio mismo, en las formas de hacer y de organizarse, así como a la hora de tejer alianzas. Uno de los grandes déficits de las instituciones políticas en profunda crisis recae en su rigidez, en su incapacidad de regenerarse, de innovar, de corregir lo que no funciona y de reforzar lo que sí lo hace. Los centros sociales aportan aire fresco a esta cuestión, generando procesos sociales vivos, dinámicos y que permanentemente se transforman, adaptándose a unos tiempos cambiantes, pero a la vez proporcionando acumulación, cobijo (en momentos difíciles) y apertura y cambio cuando el tiempo lo requiere, huyendo siempre de los dogmatismos y con una fidelidad incuestionable a la autonomía propia.
 
Como dice este mismo autor, Felipe G. Gil: “ya es hora de que las instituciones públicas aprendan de cómo cuidan y gestionan los bienes comunes los centros sociales”. Los centros cívicos y los equipamientos públicos que ya tenemos deberían utilizar las herramientas de gestión de los espacios propios de la gente y parecérseles más. Los espacios de participación institucionales deberían repensarse y aprender de los movimientos ciudadanos, algunos de los cuales habitan en los centro sociales. Los gobiernos deberían escuchar y obedecer a la gente que hace tiempo que trabaja por una ciudad mejor. 
 
Pero no se trata de apartar a unos y poner a otros: hay que devolver la democracia a la gente. Y no hay democracia real sin que los centros sociales sigan existiendo con carácter propio e independiente.
 
La ciudad que nos imaginamos está llena de espacios que mueve la gente, con autonomía, espacios comunes de vida de las personas y de los proyectos colectivos que transforman la ciudad para hacerla mejor. Uno o varios en cada barrio, con su riqueza y particularidades. Espacios que puedan desarrollarse sin tener que sufrir la precariedad de recursos para sobrevivir o el simple hecho de tener un techo. Proyectos con recursos propios y públicos (que son de la gente) para poder desplegar toda su potencia transformadora.